domingo, 15 de julio de 2012

CAPITULO 4: PECADO Y CULPA (CUENTO: ¿CÓMO PASÓ?)








Andrea Watson. Ese fue el nombre que di cuando me inscribí en el curso de aeróbicos. No Andrea Robinson, mi nombre de casada
No quería que alguien por casualidad o por tener tema de conversación, tratara de recordarme lo que estaba haciendo, ser una mala esposa que estaba abandonando a sus hijos. A lo mejor no era de esta manera, pero así era como me sentía.
También procuraba guardar los anillos mientras estaba en el gimnasio, así nadie notaria cuan casada estaba. Usualmente llevaba mis dos anillos, tanto el de compromiso como el de casada. Me sentía muy orgullosa de ellos, ya que demostraba mi status en la vida, al que yo siempre aspiré, ser el soporte más importante de la familia que yo forjara. Ahora los anillos eran como ácido para mí, me recordaban a cada minuto lo mal que había llevado mi rol. Aún así, ellos también llevaban la promesa de que tarde o temprano volvería a recuperar lo que estaba dejando tan despreocupadamente.
Aunque yo le prometí a Mike llamarlo al menos una vez por semana, eso no quería decir que el no me enviara mensajes de texto todas las noches, a las nueve en punto. Me mandaba un mensaje distinto todas las noches, cosas como que lo nuestro no se hizo en un día y que jamás iba a terminar, o que la llama entre dos corazones que se aman no se apagaba con la distancia, o simplemente un los niños te extrañan y yo también, con lo cual solamente hacía que mi dolor se acrecentara, porque más que perder a Mike, me dolía lo que pensaran mis hijos.
Andy siempre me enviaba un mensaje después que llegaba del colegio, incluso nos comunicábamos por internet cuando yo llegaba a la casa y me conectaba, siempre preguntándome por cómo me iba en las clases, incluso me pedía que le enviara fotos de cuando estaba haciendo mi rutina. Por lo general le pedía a alguien que la tomara para enviársela cuanto me llamara. Cada vez que veía a mi bebé tenía que combatir las lágrimas para que no me viera llorar, por lo que a veces hablaba con él varias veces en el día, pero por poco tiempo.
Micky era otra cosa. Las pocas veces que hablaba conmigo por teléfono, me contestaba con un si o un no de vez en cuando, la única pregunta en concreto que me hacía era que cuándo volvería, y siempre terminaba diciéndome que me amaba mucho. El nunca ha sido muy comunicativo que digamos, pero el solo hecho de hablar conmigo me desgarraba el alma cada vez. Era muy duro hacer lo que estaba haciendo, pero sabía que debía hacerlo, de otro modo esta familia se vendría abajo. Mike me faltaría descaradamente, y yo estaría desecha y amargada, y mis hijos estarían allí para resentir todo aquello.
No, eso no era lo que yo quería, ni tampoco era lo que mis hijos se merecían.
No me molesté en hacer muchos amigos en el curso, solamente me dedicaba a ver las diferentes técnicas y luego de ello irme a casa, un departamento que se componía de una sola habitación amplia, donde había un rincón para cada cosa, la única puerta a parte de la de entrada era la de cuarto de baño, el cual estaba equipado de una ducha y un inodoro, no tenia lavamanos.
Estaba bien, Mike me dejó una buena suma como para alquilarme un departamento más espacioso si quería, pero en mi interior no me apetecía un lugar que me recordara a un hogar, ese estaba donde se encontraba mis hijos, y bueno, también Mike.
Todavía no pensaba perdonarlo, ni siquiera sabía que sentía por él, solamente recordaba la imagen de él con la domestica en la mente, nada más. Pensar en volver a la casa sin haber aclarado bien mis sentimientos, o al menos curarlos, significaba que mi resentimiento hacia él no permitiría que pudiera estar a su lado, lo que al final provocaría que nos separáramos, y para que esto funcionara, debía volverlo a sentir como mi pareja, no como si nada hubiera pasado, sino que este engaño fuera parte de otro de nuestros obstáculos superados, igual que cuando al principio me costó aprender cómo le gustaba que almidonara sus camisas, o como le gustaba que cocinara. Esto no se parecía a aquello, pero quería tener la sensación de que esa etapa había pasado.
Un buen día estaba yo sentada en la cafetería del gimnasio, cuando el mesero llegó con una nota decía las chicas lindas no deberían estar tristes.
Me quedé extrañadísima.
Busqué por todos lados a ver quien estuviera mirándome, pero no vi a nadie.
Tomé la nota y la guardé en mi maletín y me retiré de inmediato. No quería que nadie creyera que estaba allí para flirtear. Yo estaba allí para darle una lección a Mike, mientras curaba mi herida. Y la mejor forma de espantar a cualquier futuro pretendiente era alejarme lo más pronto posible antes de que llagara una segunda nota.
Al día siguiente evite la cafetería y me fui directamente al salón de las clases, a pesar de que sabía que no habría nadie. Comencé a practicar la rutina del día anterior. Mis compañeros fueron llegando en grupos y la sala se llenó. Nos explicaron las mejores técnicas de respiración, a fin  de optimizar nuestro rendimiento. Luego salimos y yo me fui directo al departamento a esperar que me llamara Andy.
Para la siguiente clase, cuando llegué a mi casillero en el gimnasio, me encontré una rosa rosada pegada con cinta adhesiva a la puerta, y una nota que decía a veces los amigos vienen de formas muy extrañas.
Para mi alivio me encontraba sola, de no haber sido así, alguien hubiera notado que el pequeño gesto me ruborizó. Guardé la nota y la rosa dentro del casillero, no quería que nadie las viera, podrían pensar que le estaba dando la importancia que esa persona pretendía que tuviera. Podría pensar que tenía oportunidad de acercarse.
Durante esa semana llegaron cada día, una nueva rosa y un nuevo mensaje. Notas de aliento como, no estes triste, regálale una sonrisa a la vida, o, limpia tu carita y muéstrales a los demás tu hermosa mirada, que robaban de mi boca una ligera sonrisa. Quienquiera que me enviara los mensajes ciertamente me estaba observando detenidamente, y había notado lo afligida que me sentía. Las notas me hacían olvidar por un momento mi tristeza, y de algún modo, aunque no conociera a la persona, me daban la sensación de estar acompañada.
Pensaba que, de alguna manera le importaba a esta persona desconocida.
Más notas llegaron, y con cada una, me sentía feliz. Incluso llegó un momento en que las esperaba. Procuraba llegar a mi casillero antes que las demás, y guardaba las rosas hasta que era el momento de irme a casa. Todas las notas estaban guardadas en el buró al lado de mi cama y las rosas las tenía en un jarrón de ese mismo mueble,  donde podía admirarlas, mientras me comunicaba con mis hijos, o más bien, con Andy la mayor parte del tiempo, que me decía que me veía muy animada, y que estaba feliz por mí.
 Comencé a hacer algunos amigos en el gimnasio. Digamos que más bien dejé de ignorar esa parte de mí que me decía que era una total descortés, al limitarme dando el clásico “buenos días” o “buenas tardes”. Por lo general procuraba tener cierta platica con la gente que me rodeaba, acerca de cómo se veía el tipo de ropa que usaban, o elogiar el buen desempeño que tenían durante las clases. Normalmente cuando lo hacían conmigo en este curso, yo solía dar las gracias e irme para otro lado. Ahora no solamente agradecía sino que procuraba decirles algo igual o mejor.
Pronto mis compañeros y yo hacíamos grupos en la cafetería antes de entrar a clases, igual que como lo hacía en secundaria. Decíamos una que otra broma y nos divertíamos con las anécdotas de todos. Era como tus compañeros de clase debían ser, y de lo cual hasta ahora había escapado.
Me sentí mucho más animada que antes, tanto que llevé esto un poco más allá, empecé a salir con el grupo. Por lo general hacer cosas inocentes, como divertirnos en el cine o ir a uno que otro karaoke un viernes por la noche. Era maravilloso y estaba mucho más relajada.
Fue entonces cuando Gabe decidió acercarse a mí, y el descalabro hacia un nuevo mundo inició.

sábado, 14 de julio de 2012

PARA QUE LOS SUEÑOS SE CUMPLAN





Cuando era niña tenía una prima de crianza que me decía que ella se iba a casar con un norteamericano. Yo nunca le dije nada, pero siempre me pareció una locura. Más tarde cuando ya éramos adolescentes ella tuvo un par de novios, pero siempre me dijo que no se iba a casar con ellos, porque ella pensaba casarse con un norteamericano. Otra vez mi impresión de que estaba loca seguía allí.
Cuando consiguió su novio norteamericano me dije, “bueno, no es que estuviera tan loca”, pero cuando un par de años después me entero de que lo dejó, se casó con un alemán y se fue a vivir a Europa, me pregunté si la loca en realidad era yo.
No había probabilidad de que mi prima tuviera esa oportunidad, ella era una chica de escasos recursos, que tenía problemas familiares enormes, que no vienen al caso, e incluso su mayor preocupación era graduarse de la secundaria, y no porque no tuviera la capacidad intelectual, sino porque su padrastro se negaba a ayudarla económicamente.
Sin embargo parece que muchas veces no hay que ponerle mucha lógica a los deseos.
Otro caso es el de un tío, primo de mi madre, quien es actualmente odontólogo. Incluso llegó a tener una modesta clínica en su pueblo natal. Un buen día nos enteramos que decidió irse para Miami con toda su familia, dos gemelas y su esposa. Hoy por hoy tiene dos clínicas en Miami, tiene tres hijos graduados en la universidad en Estados Unidos, y está planeando su retiro.
A los que se preguntan por qué traigo este último caso a colación, la respuesta es muy simple, por lo general la gente quiere irse a los Estados Unidos cuando no tienen futuro en su país de origen, sin embargo el ya tenía una profesión aquí y se fue.
Entonces, también me doy cuenta de que el deseo de superación no solamente alcanza a los que pocos tienen, sino que más bien hay gente con visión.
Muchas veces el pensar las cosas demasiado hace que desistamos de las mismas. Otras veces nos obsesionamos con un tema, que no importa cuántos reveses tengamos, al final sabemos que, tarde o  temprano obtendremos lo que queremos. Es cuestión de desear las cosas a tal punto que todos tus pasos van encaminados a una sola cosa.
Conozco muchas historias de personas que lo intentaron perseveraron, tropezaron, se levantaron, y hoy en día llegaron a la meta. Todo es cuestión de proponérselo, no importa los obstáculos que tengas, lo importante es no perder el norte.
Mi padre de 64 años, obtuvo su maestría el miércoles. Mi madre a los 52 años decidió irse a probar oportunidad en los Estados Unidos, y hoy es ciudadana americana.  No creo que alguien me pueda preguntar si estoy orgullosa de ellos, lo único que si pueden hacer es preguntarse si yo algún día podré llegar a ser como ellos.

jueves, 12 de julio de 2012

CAPITULO 3: COMO FUE MI MADRE (CUENTO: ¿CÓMO PASÓ?)






Cuando a mi padre le detectaron cáncer hace unos cuantos años atrás, mi madre se dedicó en cuerpo y alma a él, y cuando las cosas empeoraron, era mi madre la que se encargaba de cuidarlo en el hospital, atendiendo su agonizante llanto, por lo dolores provocados por la quimioterapia.
Cuando murió, mi madre estuvo inconsolable, hasta que al final, luego de dos meses de dolor y tristeza, murió también.
Allí estaba yo, hija única que perdió a sus padres en cuestión de meses. Yo heredé la casa donde nací y crecí, pero nunca fui capaz de ni de vivir en esa casa, ni de venderla, a pesar de que Mike me propuso ambas posibilidades, y hubiese sido mejor para todos, es una amplia casa con enormes habitaciones,  como se hacían en antaño, que además poseía terreno en la parte de atrás, para que nuestros hijos jugaran.
Solamente vendimos los caballos, esos que fueron mis compañeros de la niñez y mi adolescencia. No podía quedarme con ellos ya que no soportaba la idea de cuidarlos, no sin recordar a cada instante todas las veces que mi padre y yo nos dedicábamos a cepillarlos, o cabalgar con ellos durante las tardes.
¡Cuánta falta me hicieron aquellos caballos en aquel momento cuando abandoné a Mike!
Justo cuando lo sorprendí con la zorra de la mucama.
¡Yo debí haberlo sospechado desde un principio!
Pero, como siempre, no veo las señales hasta cuando ya es muy tarde. Y si hago una retrospectiva, todavía no las encuentro. De seguro él la trajo a la casa, para seguir con su amorío que quién sabe cuando realmente comenzó.
No, no puedo hacer memoria sobre las señales. Pero el punto en ese momento no era el saber cómo ocurrió, sino saber que iba a pasar de allí en adelante. Puede que mi relación con Mike estaba rota, pero yo no podría jamás abandonar a mis hijos. Sin embargo, y con toda esta carga emocional, no me veía llevando la vida normal de siempre, como si nada hubiera pasado, así que decidí darme unos días para desahogarme, y quien mejor que mi prima Esther, mi compañera de la infancia para hacerlo.
Ella vivía en la casa de mis padres. Mike y yo decidimos que, mientras no tomáramos una decisión definitiva con respecto a la casa, sería un desperdicio que no fuera habitada, así que pensamos que sería una buena idea si Esther y su familia se alojara en ella, y que administrara la tierra lo mejor posible.
Y eso fue lo que hizo, montó un negocio de gallinas ponedoras, en una parte, y en la otra, una lechería y venta de queso. Con estos dos negocios modestos ella nos pasaba una renta anual por el uso de la propiedad, y así no sentirse viviendo de gratis.
Al día siguiente de mi llegada a la casa de mis padres, Mike se plantó en la entrada de la casa, primero exigiendo verme, y luego suplicando hablar conmigo. Y al ver que yo no me presentaba, se fue. Al día siguiente volvió a plantarse en la puerta durante todo el día, hasta que finalmente desistió y se fue.
El siguiente día hizo exactamente lo mismo, y yo comenzaba a preocuparme por mis hijos, es decir, ¿Con quien estarían? Le pedí a mi prima que lo averiguara, y al poco rato me respondió que Mike se negaba a decírselo, que solo me lo respondería a mí. Así que salí a preguntárselo directamente, y en cuanto me vio se lanzó hacia mí, abrazándome y besándome, a pesar de que yo lo rechazaba.
No quería saber de él de ninguna manera, por lo que mi respuesta fie darle un punta pie donde más le dolía, y luego, cuando se separó le propine una cachetada. El me miró dolido, pero no me dijo nada, supongo que entendía que se lo merecía.
Me respondió que mis hijos estaban con su madre, quien estaba en nuestra casa. Yo me sentí mucho mas aliviada, pero de inmediato me repuse, di media vuelta y me marché.
Más días pasaron y Mike no se iba aun del pueblo. Ya no se plantaba en la puerta, pero si rondaba la casa. Hablaba con Esther y  Rick, guardando la esperanza de que ellos intercedieran por el. Rick así lo hizo, pero mi prima jamás mencionó una sola palabra al respecto.
Un buen día, después de darme cuenta que me comportaba como una tonta, decidí darle la oportunidad de escucharlo. Me dijo que lo perdonara, que esa había sido una estupidez, que nunca debió dejar engatusar por la mucama, que jamás lo volvería a hacer, que yo era su esposa, la madre de sus hijos, la mujer que había tomado como compañera de su vida, que me amaba como nunca.
Yo lo escuché, solamente. Luego di la media vuelta, y le dije que me diera unos días para pensar, y así lo hice. Pero no para plantearme si todavía lo amaba, esa no era la pregunta. Lo que yo me planteaba era si mis hijos merecían que sus padres se separaran por tanto tiempo.
Estaba muy segura de que no era la primera vez que el faltaba a nuestro matrimonio, es más, estoy segura que ya me había faltado cuando éramos novios, pero yo nunca quise averiguarlo. Eso era algo que los hombres hacían, mi padre lo hizo cuando estuvo casado con mi madre y no por eso ellos se separaron. Sin embargo, yo jamás escuché a mi madre decir que mi padre le paseó las queridas por la casa, ni mucho menos que las tuviera dentro de la casa, y eso era algo que yo no iba a permitirle a Mike. Si lo perdonaba tan fácilmente esta vez, el pensaría que yo lo perdonaría todas las veces, por lo que debía sufrir todo lo humanamente posible antes de que yo lo perdonara.
La pregunta era, por cuánto tiempo más.
Por su actitud veía que él pensaba finiquitar el asunto lo más pronto posible, así que tenía que buscar la manera de que no estuviera cerca de mí. Igual que hice tiempo atrás con mis padres, debía volver a escaparme de mi pueblo natal.
Llamé algunos amigos del gimnasio, y ellos me dieron una alternativa, un curso intensivo para ser entrenadora de aeróbicos, que duraba unos dos meses, tiempo perfecto para que Mike pensara bien si volvería a engañarme tan descaradamente.
Y con este plan, fui a comunicarle, no ha preguntarle hago constar, que me iba para la capital. Es mas, le pedí dinero para la inscripción y para mantenerme durante ese tiempo, a lo cual el accedió sin protestar.
Solamente me pidió que le prometiera que lo llamara aunque fuera una vez por semana, a lo cual, por supuesto, me comprometí.
Y fue así como comenzó mi verdadero cambio.

martes, 10 de julio de 2012

CAPITULO 2: MIS IDEALES CUESTA ABAJO (CUENTO: ¿CÓMO PASÓ?)








Sarah Andrea no llegó, en su lugar vino un precioso regordete, de hermosos hoyuelos y ojos color avellanas llamado Andy. Es quizás mucho más parecido a Mike que el propio Miky, pero en cuanto a su manera de actuar y de hacer las cosas es igual a mí.
Juro que adoro a mis dos hijos por igual, pero Andy es mucho más apegado a mí que mi primer hijo, por eso mucha gente piensa que lo quiero más a él, pero no es así, es solo que tienen personalidades diferentes. Mientras Miky se dedica a armar rompecabezas y bloques de construcción, Andy es más dado ayudarme en todos mis quehaceres. Siempre está pendiente de todo lo que yo hago, es mucho más sensible y le afecta todo lo que le rodea. Es muy aseado y ordenado, sus cuadernos del colegio son los más pulcros de todos, es un ejemplo para toda su clase.
Y aun así jamás he entendido por qué Mike siempre le ha tenido algo de recelo. ¡Es su hijo! Tan igual a él, que parece su clon. Y mientras Andy solo se dedica a adorarlo, Mike no hace sino echarlo a un lado cada vez que puede. Dice que es algo "refinado", dando a entender que en mi hijo hay algún defecto.
Nunca se ha atrevido a decirme abiertamente cual es el defecto que le encuentra, aunque no lo entiendo, cualquiera querría un hijo como Andy, serio, responsable, detallista, meticuloso, estudioso, ordenado, es un modelo de hijo. Y no es que sea mejor que Miky, quien es un buen estudiante, aunque no el mejor, y quien se destaca en todos los deportes, desde casi el jardín de infancia, cuando Mike y yo asistíamos a esas mini ligas, que más parecían una carrera por la pelota, que un verdadero partido. Siempre llegaba de primero a la portería.
Todo este tiempo me ha dolido que su propio padre rechace uno de mis hijos. Yo no hago distinción jamás entre uno y otro. Tal parece que el amor de un padre tiene más límites que el de una madre. Esto creó cierto resentimiento entre los dos, provocando que nos distanciáramos, casi desde que Andy comenzara a caminar. Si él no quería a uno de mis hijos, tampoco yo lo pensaba soportar. Y por cada desaire echo a mi Andy, se abría un poco más la brecha que existía entre los dos.
Por supuesto que yo seguía cumpliendo con mis labores de casa y de madre, pero en lo referente a mis deberes de esposa, pues se convirtieron en eso, en deberes. Ya no disfrutaba de nuestros momentos de intimidad como en un principio.
El fuego se fue apagando. Yo siempre cumplí, incluso cuando tenía mis sospechas de que tenia a otra. Ni una sola vez dejé de complacerlo, me convertí en una verdadera actriz, sobre todo cuando él me hacia algún reproche de que no me sentía vibrar de placer, y era cuando hacia mi mejor interpretación.
Pero, por cada vez que teníamos intimidad, mas resentimiento guardaba hacia él, porque me sentía usada, como si yo fuera el cuerpo solamente, mientras mi alma era anulada casi por completo. Pero debía hacerlo, no podía perder mi matrimonio. Era lo más importante en mi vida, mi marido y mi hermosa familia se vendría abajo si yo no sabía llevar mi rol de esposa. Yo tenía que ser la mujer ejemplar en todos los aspectos, siempre. Así fue mi madre y mi abuela, y así debía ser yo.
Un día Mike  llegó a casa con una excelente noticia, lo habían ascendido de puesto en su compañía, aumentándole el salario a casi el doble de lo que ganaba en ese momento. Solamente había un pequeño detalle, el trabajo era en otra ciudad, por lo que debíamos mudarnos a una casa pagada por la empresa, la cual incluía una domestica que se encargaba de la limpieza y de administrar los pagos de los servicios.
A decir verdad ambos fuimos ascendidos, el a jefe de sección, y yo a ser una verdadera ama de casa.
No sería más la esclava.
Eso me daba más tiempo para dedicarle a mis hijos y a mí misma, así que decidí que era tiempo de volver a ser aquella chica que ganó el concurso a reina de mi pueblo, por lo que me inscribí en un gimnasio.
Me involucré tanto en los ejercicios, que incluso llegué a competir en ciclos de aeróbicos, hasta ganar algunos premios. Mis hijos eran los mejores en todas las actividades, y estudiantes ejemplares, aunque claro, Andy destacaba un poco más que Miky.
También mi deseo por estar con mi marido mejoró con los ejercicios, no sé qué tiene que ver una cosa con la otra, pero mi apetito sexual aumentó; aunque no fue así para Mike, a quien veía desanimado en esa parte, alegando que el trabajo lo dejaba exhausto.
Yo lo justificaba, después de todo ya casi ni lo veía, se iba temprano en las mañanas y llegaba a casa hasta tarde. A veces lo cuestionaba acerca de si todo esto valía la pena, y él me enumeraba todo lo que teníamos, una casa mas grande, la calidad de la educación de nuestros hijos había mejorado, y yo no me veía malhumorada como antes, es más me alagaba diciéndome que lucía más radiante cada día.
Así que decidí que si él lo veía todo bien, yo iba a procurar que el también estuviera bien. Me dediqué a buscarle toda clase de remedios saludables, dietas que aumentaban la energía, comidas bajas en colesterol, lo obligaba a que hiciera al menos quince minutos de ejercicio al día, y para ello le hice un pequeño gimnasio en la casa, con una cama de alzar pesas. Hasta le hice una rutona de ejercicios, primero los ejercicios cardiovasculares y luego las pesas.
Un día, mientras me encontraba en el gimnasio, recibí una llamada anónima, de alguien que decía que debía correr a la casa ya que mi marido estaba con otra.
Salí despavorida, no me importó estar en ropa de ejercicio, no pensé en ningún momento en que mi ropa de cambio seguía en el casillero, ni mucho menos perder la sesión de masajes que había programado desde hacía una semana. Solamente había un pensamiento rondándome "en mi propia casa, donde viven nuestros hijos".
Cuando llegué fui directamente a nuestra habitación, sin siquiera ver donde se encontraba la domestica, si él estaba haciendo algo como esto, de seguro le habría dado la mañana libre. Pero no encontré en nuestra habitación, incluso la cama estaba arreglada, sin muestras de que allí se hubiera dormido la noche anterior, por lo que me sentí aliviada de que fuese una falsa alarma, sin embargo, verifiqué en todas las habitaciones, por si el muy cretino se le hubiese ocurrido mancillar las camas de nuestros hijos, pero también estaban Inmaculadas. Con alivio fui en busca de un vaso de agua y me senté en una de las sillas del comedor. Si corazón volvía a su ritmo normal.
¿Cómo se me pudo haber ocurrido hacerle caso a una llamada anónima?
Mike no haría eso, no en nuestro hogar.
Tomé otro par de minutos, mientras me reía de mi estupidez, decía yo en aquel momento, justo en el instante en que decidí ir a terminar mi rutina en el pequeño gimnasio de la casa.
Y fue allí donde los escuche. Me acerqué cuidadosamente para que no me descubrieran.
Los dos estaban revolcándose justo encima de la cama para levantar pesas, el acostado con una mujer encima de él, nada más y nada menos que la doméstica, quien no paraba de gemir y de llamarlo por su nombre.
Yo no pude soportarlo y les grité todo lo que pasaba por mi cabeza. A la maldita domestica la agarré por las greñas y la saqué a rastras por la puerta de enfrente, casi desnuda, mientras él me gritaba el clásico "no es lo que tú piensas, mi amor".

Las lágrimas salían de mis ojos como si fueran dos cascadas. No estaba pensando, así que hice lo primero que me pasó por la mente, hice mis maletas y me largué con Mike tratando de detenerme.