viernes, 2 de octubre de 2015

OTRO DÍA EN LA ACADEMIA QATO - CAPITULO 1 - LUCES BRILLANTES.




– ¡Por favor, Anselmo, suéltame! – le digo a este, cuando trata de detenerme a la entrada del salón de clases.
– ¡Te prometo que esta vez será diferente! – me suplica, pero yo sigo mi camino hacia mi puesto habitual. Anselmo también se sienta en su puesto de costumbre, justo detrás de mí.
– Te lo digo, eran luces brillantes y se movían de un lado para el otro, justo en la torre del este – trata de tentar mi curiosidad, pero me mantengo firme. La última vez, cuando seguí esas disparatadas expediciones suyas, por casi me pescan y a él, también.
– Abran sus libros en la página veinticinco – nos dice a todos el "Chivito Loco", como todo el mundo conoce al Profesor Aramis, un viejo que de seguro asistió a la escuela con Matusalén. Sus barbas le llegan casi a la cintura y muchas veces puedes observar cosas que se le quedan justo ahí; hoy, por ejemplo, tiene incrustada entre las hebras de pelo, dos clips de papel.
¿Que cómo lo sé?
Pues, porque brillan cada vez que la luz los toca. Es el único profesor en toda la ACADEMIA que le pasa esto, ni siquiera la profesora Matilda descuida tanto su apariencia. En lo personal, pienso que debería acicalarse un poco más. Esas excentricidades son para gente de poco juicio, precisamente, como el Chivito Loco.
– Shhhh... – se escucha desde atrás. Es Casiano, que me mira y me hace sonrojar. Creo que sabe lo que siento por él, pero se hace el interesante.
¡Es tan lindo!
Si tan solo dejara de tener tantas "amigas".
– Como siempre, sin poner mucha atención, señorita Casandra – me reprende el profe, cuando ve que ni siquiera he sacado el libro. Yo me pongo helada, no me gusta que me llamen la atención delante de todos. No, mis compañeros no son mis amigos, pero son gente y prefiero pasar sin pena ni gloria, y este preciso momento es de los que considero como penoso. Levanto la mirada con cierto horror al verlo. El Chivito me mira con una ceja levantada. Claramente, está esperando que haga lo propio, así que pongo de mi parte para descongelar mi cuerpo ante la vergüenza y tomo mi vieja maletita para sacar el libro y, rápidamente, procedo buscar aquella página.
"Culturas en la Edad Antigua", dice.
– Te lo digo, se ven desde mi habitación que no está lejos de la torre. Será sencillo – vuelve a insistir Anselmo, susurrando detrás de mi cuello, justo en el momento en que el Chivito da la media vuelta para colocarse delante de la pizarra, sin darse cuenta que Anselmo sigue hablando. Nunca he entendido como soy yo quien sale regañada, mientras él hace más barullo que yo y nadie lo nota.
Definitivamente, debe haber algo mal en mí.
– ¡No, no y mil veces no! – le insisto en un susurro. No quiero problemas – además, ¿cómo pretendes que me escurras al ala de los varones?, ¡estás loco!
– Solo habla con Amina, sé que, si le dices que es un favor para mí, lo hará – me responde, casi poniendo su boca en mí oído, lo que me provoca cierto escalofrío y me hace ronronear, llamando la atención de algunos.
– ¿Y ahora qué hizo, que te debe un favor? – le pregunto intrigada.
– Digamos que un internado no la va a detener, como mis padres creen – me contesta, guiñándome. Debo sacar de mi sistema la imagen que se me forma en la mente, aquella en la que veo a Amina saliendo a hurtadillas del dormitorio de varones. Definitivamente, hay cosas que no cambiarán y hay personas que no pueden reprimir su naturaleza.
– A ver jóvenes, ¿cómo quieren que sea la lección, aburrida o amena?, de hecho, hoy yo quiero aprender de ustedes – empieza a hablar el Chivito, mientras pasea de un lado a otro por el pasillo entre las bancas. En este momento, todo el mundo comienza a murmurar. Por supuesto, escucho voces aquí y allá mencionando la frase "¡obvio, amena!" – alguien que me diga, por favor – solicita el profe, al tiempo que detiene la vista en cada uno – a ver, a ver – continúa al tiempo que saca ese huesudo dedo índice de su mano derecha – ¡usted! – exclama con entusiasmo, señalando a, nada más y nada menos, que a mí.
El color se me sube, como si fuera un termómetro en agua caliente. Las piernas me tiemblan cual gelatina, al momento de levantarme. Miro a todo mi en rededor y observo varias expresiones de mis compañeros, unos, con cara de "ya va a meter la pata" y otros con la expresión de un niño rezándole a sus padres para que los dejen ver tele.
– Díganos Cassandra, qué le gustaría – indica el Profe Aramis, al momento que Anselmo me hace una caricia en la mano para darme ánimo.
– Eh... amena... ¿profesor?
¡Qué bochorno!
Me siento de inmediato.
Mis compañeros comienzan a cuchichear y hacer burlas detrás de mí y yo, simplemente, espero que me trague la tierra. Anselmo me palmea el hombro.
– ¡Perfecto!, muchas gracias Señorita Cassandra – responde el Señor Aramis, ignorando que casi me desmayo – bien, ahora que hemos establecido cómo será esto, quisiera que leyeran el título y luego – nos mira a todos en dos recorridos rápidos, verificando que estemos obedeciendo sus instrucciones, para luego decir – tomen su libro y guárdenlo en su maleta – todos nos quedamos mirando los unos a los otros, pero, como todos sabemos que a este profe no le pusieron ese apodo por nada, de inmediato hacemos lo propio.
– Bien, ahora les pregunto yo, ¿por qué nosotros debemos conocer las culturas de la Edad Antigua?
– Si no me ayudas, tendré que hacer esto solo y tú no querrás que me atrapen, ¿verdad? – Continúa diciéndome Anselmo, poniendo esa cara de gato apaleado, sacando mi mirada de lo que hace el profesor – por fa, por fa, por fa – me suplica.
– Está bien, pero si algo sale mal, tú te harás responsable, ¿ok? – ¡rayos!, ¿por qué siempre me dejo convencer?
– Ok – me responde, dándome un pequeño golpe en mi hombro con su puño.

– Fue en la época donde nuestra raza interactuaba con la raza humana – responde Minerva, por supuesto. Si había alguien feliz en contestar, tendría que haber sido precisamente ella.
– ¡Exacto! – le responde el profesor, al tiempo que algunos comienzan a cuchichear – bien, ¿alguien más me puede decir desde cuanto tenemos contactos con los humanos?, veamos – dice, al tiempo que vuelve a sacar ese miserable dedo suyo, el cual pasa de un lado al otro y me siento bendecida cada vez que pasa de largo.
– Yo profesor – responde Casiano, quien se levanta, haciendo suspirar a más de cuatro chicas y saca un pequeño rugido de la garganta de Anselmo, entre otros chicos.
Los qatos machos deberían ser menos territoriales, no todas las chicas son su propiedad.
– Desde hace unos veinte mil años, pero fue hasta hace unos nueve mil, cuando les enseñamos la escritura, que comenzaron a haber evidencia de nuestra relación con los humanos – responde Casiano.
– Eso todo el mundo lo sabe – murmura Anselmo detrás de mí.
– ¿Quieres callarte?, me desconcentras – le respondo molesta.
– Sí, sí, claro, tu precioso Casiano – contesta Anselmo, haciéndole burlas.
– Si sigues molestando, me retracto de acompañarte, ¿de acuerdo? – lo amenazo, mientras lo fulmino con la mirada y el agacha la cara.
–  Ahora, ¿Por qué nuestra relación con los humanos fue tan buena durante tanto tiempo? – inquiere nuevamente el Chivito, al tiempo que Minerva vuelve a levantar la mano – no, ya usted participó, señorita Minerva, requerimos a otra persona para que gane su nota – indica, al tiempo que todos comienzan a mirarse entre sí.
¿Nota?, nadie dijo que estas preguntas eran parte de una calificación.
– Sabia que tendría su atención si les decía para qué tanta pregunta – vuelve a hablar el Chivito.
Esto no me conviene para nada. Mis padres no se sentirán muy complacidos si traigo malas calificaciones. De inmediato, me levanto.
– Debido a que nos veían como sus iguales, pero, al demostrarles que éramos una cultura más avanzada, empezaron a temernos, así que tuvimos que ocultar nuestra naturaleza – respondo de inmediato.
– ¡Correcto Casandra! – Me indica el profe, entusiasmado – esta es la razón por la cual se creó esta ACADEMIA, para que pudiésemos coexistir con los humanos sin que nos teman, hasta que podamos revelar nuestra naturaleza con confianza.
– Bien, Casandra – me felicita Anselmo.
– Espero que no lo digas para que no me eche para atrás – le contesto.

– Eso nunca lo harías, ya me diste tu palabra y si sé algo de ti es que tu palabra es un hecho – me dice con un guiño. 

No hay comentarios.:

Publicar un comentario